El fin del mundo como lo reportó Germán Castro Caycedo en 1966

El fin del mundo como lo reportó Germán Castro Caycedo en 1966

El enviado especial llegó al cielo de los escritores.

Para mí, él era el Indiana Jones del periodismo colombiano.  

Por: ALEXANDER VELÁSQUEZ

Yo quería ser como él, así de intrépido y así de buen escritor. Lo pensé luego de leer «El cachalandrán amarillo», en 1989, el mismo año en que se publicó. Lo veía como el Indiana Jones del periodismo colombiano, aunque nadie se lo dijera. 

Conocí este libro por doña María Antonieta de Cano, la directora de Espectadores 2000, aquel semillero de futuros periodistas que desde la sala de redacción de El Espectador nos ofreció cobijo y un espacio para escribir a los jóvenes que terminábamos la secundaria y a quienes se estrenaban como primíparos. 

Acababa de cumplir los 18 años. Nunca olvidaré ese año porque fue el año en que mataron a Luis Carlos Galán, el año en que Pablo Escobar hizo explotar  una bomba en las instalaciones de El Espectador y el año en que ella, doña María Antonieta, me regaló –envueltos en un sobre de carta color blanco y con la promesa de no contarle a nadie- los 12 mil pesos que necesitaba para pagar la libreta militar. Resulté remiso –no apto- para prestar servicio a causa de una hipermetropía revuelta con astigmatismo; en mi casa una suma tal era impensable.  

-¿Usted sería un peligro con un arma en la mano?, fue lo que me dijeron en el Distrito Militar No 2 y me sentí aliviado porque soñaba con ser periodista, no un soldadito al que le dieran plomo.  

Volviendo al libro, recuerdo que se lo habían enviado de la editorial y yo, con esa costumbre de ir dos metros adelante,  me ofrecí a leerlo antes que los demás. Luego tuve una pequeña conversación con María Antonieta, al cabo de la cual ella llamó al escritor a su casa desde el teléfono de ruedita de su oficina. Él dio el permiso para publicar ese relato periodístico y el miércoles siguiente “El cachalandrán amarillo” fue la portada de Espectadores 2000. Se trataba de uno de los varios mitos populares que recogió en sus travesías por la Colombia amarga, como la llamó en otro de sus libros.

La noticia sobre el fin del mundo

Encontré un artículo suyo, titulado ¿Usted cree en Caperucita Roja? Lo escribió para El Tiempo en julio de 1966, año en que  empezó a correr el rumor de que el mundo se acabaría a los dos años siguientes por cuenta del  asteroide Ícaro. Me faltaban cinco años para nacer, así que me habría salvado del acabose ja ja ja.

Traigo la anécdota  a cuento 55 años después,  ya que en pleno 2021 los chinos de La China acaban de  anunciar que enviarán veintitrés  cohetes al espacio para destruir el asteroide Bennu e  impedir que sus 5.5 millones de toneladas acaricien la Tierra y de paso nos acaricien también a nosotros. 

Con seguridad el cronista y maestro habría salido otra vez a la calle para saber qué pensaba la gente, porque en el fondo lo que él nos enseñó es que el buen periodismo no se hace desde los escritorios. 

“Cuando comienzo a escribir, experimento algo parecido a los instantes en que revelo un rollo fotográfico, o miro en el visor de la cámara la impresión de la fotografía captada: allí vuelvo a vivir las sensaciones del trabajo de campo: la emoción, el miedo, la soledad, y eso es lo que finalmente uno transmite a través de cada escrito”, escribió en su sitio web, de donde tomé las imágenes para este blog,  retazos de Colombia escritos por un auténtico Indiana Jones que nació en Zipaquirá, Cundinamarca, el 3 de marzo de 1940.

Germán Castro Caycedo se fue como enviado especial al cielo de los escritores. El mejor homenaje es leer su magnífica obra y disfrutar de sus entrevistas, como la que le hizo a Gabo en 1976 para el programa Enviado Especial. Estos gigantes de  las letras y el periodismo colombiano vivirán en nuestros corazones hasta que nuestra historia llegue a su punto final, eso si el asteroide no llega antes.

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